Opinión

La importancia de que las mujeres hablemos de salud mental

Claudia Barrera, psiquiatra y fundadora del Grupo de Salud Cetep, es la primera mujer médico que se incorpora a REDMAD. En esta columna, comparte algunos de los desafíos que enfrentan las mujeres trabajadoras en relación a las brechas conductuales que aun tenemos por delante para cuidar de mejor forma nuestra salud mental.

En los últimos cinco años, las cifras de salud mental en Chile se han deteriorado significativamente. De acuerdo a un reciente reporte de la Mutual de Seguridad, las patologías de la mente hoy son las principales afecciones de los trabajadores, siendo las mujeres las más afectadas. Hoy, las enfermedades de salud mental corresponden el 69% de los diagnósticos realizados por las mujeres, y en el de los hombres, de un 45%.

Aunque hay algunos factores que pueden estar afectando estas cifras, como por ejemplo la tendencia de las mujeres a solicitar ayuda profesional de forma más frecuente que los hombres; es relevante detenerse un momento a reflexionar sobre esta realidad. En mi experiencia como psiquiatra y gerente general del Grupo de Salud Cetep, he podido constar cómo han ido aumentando las consultas por trastornos de ansiedad y depresión en mujeres. Aunque por supuesto, cada caso es individual y siempre están presentes múltiples factores en la génesis de las enfermedades, hay algunos elementos sobre los que vale la pena reflexionar.

Hoy nos enfrentamos a un ritmo de vida muy, muy exigente, que demanda a las mujeres trabajadoras (no así a los hombres) excelencia en diversos aspectos: el trabajo, la familia, incluso en la presentación personal. En Chile, se espera que las mujeres “cumplan” en la casa, con sus niños, con su marido, en el trabajo, y en la mayoría de los entornos se espera además que se “vistan bien”, que tengan las uñas pintadas, que estén “flacas y regias”, por lo que finalmente el nivel de performance que hay que tener es tremendamente alto. Esto genera frecuentemente sentimientos de insuficiencia en el cumplimiento de roles y de culpa hacia la familia, pudiendo llegar a provocar altos niveles de estrés y finalmente cuadros ansiosos y depresivos.

Frente a este escenario es importante que sigamos trabajando la corresponsabilidad, que desgraciadamente sigue siendo un tremendo desafío en nuestro país. Pero también es necesario moderar el nivel de auto exigencia personal, dejar de lado estereotipos de belleza asociados al género, organizar de la mejor manera nuestras agendas, tener espacios relevantes de autocuidado y poner sanos límites en nuestro trabajo y nuestra familia.

En el Grupo de Salud Cetep, el 90% del equipo está conformado por mujeres, principalmente porque en salud -y cada vez más en todas las industrias- se requiere de un alto nivel de flexibilidad y adaptación al cambio. Las mujeres neurobiológicamente estamos mejor preparadas para ello: desde pequeñas debemos adaptarnos a constantes modificaciones hormonales y emocionales, por lo que probablemente estamos mucho mejor preparadas para la nueva era de cambio constante en las organizaciones. En Cetep he podido constatar lo bien que se trabaja cuando todas y todos estamos alineados bajo un mismo objetivo, cuidando el espacio de la familia y fomentando políticas de corresponsabilidad.

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