Opinión

Fortaleciendo el liderazgo desde nuestro mundo interior

Hace cinco años que Tatiana Camps desarrolla el programa “Liderando desde lo femenino”, donde motiva a las mujeres a conectarse con sus cualidades innatas, siguiendo principios de la neurobiología, la innovación y la sociología. Cree que la sociedad actual demanda nuevos liderazgos, y que los hombres son una parte fundamental de ese cambio.

Hace quince años, el profesor Otto Scharmer y sus colegas del MIT, propusieron una innovadora mirada sobre el liderazgo y cambio organizacional. De manera muy sucinta, esta propone, entre otras cosas, que la calidad de los líderes depende de la calidad de su mundo interior, y que solo conectándonos con esa fuente de la cual surgen el liderazgo efectivo y la acción social, podremos construir personas y equipos en sintonía para crecer.

Propongo esta nueva forma de pensamiento, de la cual soy seguidora hace un tiempo, pues los retos que enfrenta el mundo hoy, requieren nuevas habilidades de liderazgo. La digitalización, el reemplazo de la inteligencia artificial, la inmediatez y la sensación de cambio permanente vuelven aún más desafiante la tarea de liderar. Necesitamos volver a revisar la literatura con la que hemos aprendido a dirigir equipos. En ese contexto, las mujeres tienen una gran oportunidad de proponer nuevos estilos de liderazgo, que estén en sintonía con sus habilidades innatas y con ámbitos de la persona poco visibles hasta ahora.

¿Cómo podemos empezar a andar este camino? Primero, siendo conscientes de que la mayoría de las descripciones de liderazgo fueron hechas con un universo de líderes hombres, y que por lo tanto, debemos empezar a revisar y valorar otras cualidades. Un estudio de Rockefeller Center a diversas CEO de Estados Unidos revela que las mujeres que están ocupando esos cargos, generalmente se salen del perfil tradicional para el puesto.

En segundo lugar, fortaleciendo nuestro mundo interior, como propone la Teoría U, del MIT. Este es un elemento muy importante para las mujeres que, por la cultura, tenemos más permitido conectarnos con lo espiritual y el mundo interior. Esto significa, entre otras cosas, tomar consciencia de que no todo el aprendizaje proviene de la experiencia pasada, sino que hay que aprender a soltar nuestros juicios y certezas y mirar lo que está ocurriendo en el aquí y ahora. En otras palabras, relevar el valor de la atención, la presencia, lo que las mujeres denominamos, intuición. Esta es una oportunidad para atrevamos a mostrar esas facetas, “sacarnos la camisa de hombre”, como me dijo una socia de REDMAD.

Por último, es muy importante decir que este reto no es exclusivo de las mujeres. Necesitamos a los hombres para construir estos nuevos liderazgos y estructuras de trabajo.

Nuestros discursos aún tienen a las mujeres como principales promotoras de este cambio cultural. Pero los hombres son actores fundamentales en la equidad de género. No solo en apoyar y fomentar espacios de participación femenina, sino en lo que esta transformación trae para ellos también. Es el momento de empezar a hablar de eso también.

Cómo queremos que hombres adultos, futuros líderes, se conecten con sus emociones si la sociedad se lo ha estado negando. Es importante que todos en conjunto abracemos nuevos modelos de liderazgo, en donde las brechas y las estructuras rígidas no sean la regla. Por el contrario, que todos aprendamos a reconocer los talentos innatos del otro, mediante nuevos modelos de trabajo, y con ello, construir una cultura basada en la colaboración.

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