Nuestras Socias

Una vida dedicada a impulsar proyectos colectivos y de impacto social

Loreto Bravo ha trabajado toda su vida en organizaciones sin fines de lucro, en iniciativas feministas y en programas de cultura, arte y patrimonio. Hoy, como directora ejecutiva de la corporación cultural  Balmaceda Arte Joven cree que “las dificultades de las mujeres  no tienen que ver con sus capacidades, la mediocridad que se tolera a otros en nosotras es imperdonable”.

Si hay un rasgo que puede definir la carrera de Loreto Bravo en el mundo del arte y la organización civil, es la confianza en sus ideas. Como trabajadora social, comunicadora y licenciada en Estética, ha participado en  proyectos sociales desde que tenía poco más de 20 años, ya sea en la fundación de la Casa de la Mujer, La Morada –que ya en los años ochenta lideró demandas feministas en Chile y contribuyó a la defensa de los derechos humanos– o co-creando una publicación impresa llamada Marea Alta, que difundió por cuatro años la gestión de las chilenas por sus derechos.

“La producción de dinero nunca nos importó, no era nuestro objetivo. Nuestros interés era la producción de sentido y por eso éramos muy valientes, estábamos siempre en proyectos que nos parecían valiosos, desafiantes y que tenían efectos importantes en la vida de las personas”, dice Loreto Bravo, actual directora ejecutiva de Balmaceda Arte Joven, cuya misión es propiciar espacios de formación y proyección  para los jóvenes de todo el país.

Movida por el interés de generar transformaciones sociales y políticas ocupó varias posiciones de liderazgo, siempre en contextos colaborativos y auto gestionados.

Durante varios años estuvo ligada a  ONG orientadas  a promover los derechos de las mujeres, entre los que se cuenta también  la Corporación Humanas. Otro hito significativo durante su carrera se dio en 2006, cuando fue seleccionada  por el  Consejo de la Cultura y las Artes, para liderar el departamento de Ciudadanía y Cultura, destinado a crear programas que reconocieran a los y las ciudadanas como titulares de derechos culturales y de participación en las artes y al patrimonio. “Fue una experiencia muy significativa.   Reafirmé intereses y motivaciones para  mi vida laboral”, destaca.

En su experiencia como mujer y socia REDMAD, cree que no se trata solamente de ‘querer es poder’, porque eso equivaldría  a responsabilizar a las mujeres de los obstáculos que enfrentan. “Las mujeres, por razones culturales y económicas, vivimos en una especie de presente continuo: siempre tenemos que estar buscando respuestas inmediatas para resolver la vida concreta, propia y de nuestra familia”, dice Bravo. “También es pesado cargar con el mandato de hacerlo todo mejor, las dificultades de las mujeres no tienen que ver con sus capacidades, la mediocridad que se tolera a otros en nosotras es imperdonable”.

Finalmente destaca la importante labor que desarrolla REDMAD, “el solo hecho de que los grupos sean diversos, por edad, por género, por proveniencia social, hace que los organismos sean más ricos. En ese sentido, encuentro muy valioso y fundamental lo que hace la red”.

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