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Ley de cuotas: Cuando las buenas intenciones no son suficientes

Julio, 2018

Cuando decidimos formar esta red de mujeres profesionales, hace tres años atrás, no existía consenso entre nuestras socias sobre la necesidad de impulsar un proyecto de cuotas, que asegurara cierta participación de mujeres en los directorios de empresas privadas. Como muchas, siempre había pensado que este tipo de cambios era mejor impulsarlos desde una profunda convicción en el valor que la diversidad aporta en las organizaciones, y que con ello, conseguiríamos cambiar la cultura de las empresas sin la necesidad de recurrir a una ley.

Sin embargo, con el paso del tiempo, me he convencido de que las buenas intenciones no serán suficientes para conseguir el objetivo que anhelamos. Con decepción hemos visto como normas que aspiraban a cambiar las brechas de género, al interior de los gobiernos corporativos, no han conseguido el impacto esperado. Las normas 385 y 386, por ejemplo, promulgadas por la SVS en 2005, incorporaban entre sus recomendaciones a las sociedades anónimas abiertas, “el fomentar la adopción de políticas, en materias de responsabilidad social y desarrollo sostenible, referido en particular la diversidad en la composición del directorio”.

Sin embargo, pese a estos esfuerzos, que de todos modos, no implicaban ninguna obligación para las empresas, el número de mujeres en directorios en empresas IPSA apenas representa el 6,3% del total en 2018, una cifra incluso menor a la reportada el año pasado, de 7,3%. ¿Será que una ley de cuotas, que garantice y obligue a las compañías a cumplir con una cierta participación femenina, puede ahora ser solución? Ahora estoy convencida de que un proyecto de este tipo es la única forma de acelerar los cambios que anhelamos al interior las empresas.

Un reporte publicado por la revista Harvard Business Review titulado “What Boards Directors Really Think of Gender Quotas” demuestra que incluso en países como Estados Unidos, donde nunca han sido muy proclives a adoptar medidas restrictivas, las mujeres han reconocido que sin un esfuerzo más formal es poco probable que la situación cambie. Al mismo tiempo, en aquellos países donde se han adoptado cuotas de participación, como Noruega y Dinamarca, no solo ha aumentado la participación femenina en puestos ejecutivos, sino que los procesos de selección y evaluación de los miembros de una junta directiva, se han profesionalizado y formalizado.

No se trata solamente de ser justos con la mitad de la población del mundo, si no de considerar lo que estamos dejando sobre la mesa al no incluir a las mujeres en la toma de decisiones: una diversidad de miradas agrega valor a la economía y garantiza un desarrollo sustentable de las empresas, al considerar diferentes puntos de vistas. Es por todo ello, que estoy convencida de que una ley de cuotas puede ser la mejor alternativa para cerrar las brechas pendientes: Una ley transitoria, que tenga por un lado, una fecha de término, y por otro, un impacto que se pueda cuantificar, ya sea premiando a las empresas que adopten estas prácticas o sancionándolas.

Esta es la única forma de que logremos instalar verdaderamente una mayor igualdad de género en las empresas. No podemos seguir desperdiciando talentos y experiencias, que bien podrían ayudar a las compañías a asumir los nuevos desafíos que exigen los cambios tecnológicos y la innovación, pruebas tenemos de sobra.

Colaboradores

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