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Columna de opinión

La relevancia social de tener a mujeres en alta dirección

Gabriela Elgueta
Octubre, 2018

Gabriela Elgueta es socia de Red MAD y tiene más de 15 años de experiencia en cargos directivos de alta responsabilidad en instituciones del Estado, en áreas de gestión y planificación territorial, articulación de proyectos público-privados y resiliencia urbana. Es miembro de los directorios de las fundaciones Junto al Barrio e Instituto Ciudad, y desde esa vereda explica por qué hay que avanzar hacia una mayor presencia de mujeres en cargos de alta dirección.

Si se mira el personal civil del gobierno central, incluyendo instituciones autónomas como la Contraloría General, Poder Judicial, Congreso Nacional, Ministerio Público y Servicio Electoral, la presencia de mujeres en cargos públicos alcanza un 59% de la dotación efectiva. Sin embargo, existe una subrepresentación en cargos directivos, con un 41%, incluyendo a las autoridades y jefes de servicio, según el informe Estadísticas de Recursos Humanos Sector público 2008-2017, del Ministerio de Hacienda, publicado este año. A nivel municipal, un 37% son mujeres directivas, mientras que en directorios de empresas públicas alcanza a 42%. A diferencia de lo que podría pasar en empresas privadas, la presencia femenina en cargos de alta dirección ha ido aumentando. Los cambios institucionales como la modernización de la gestión pública y la agenda de género han sido factores preponderantes.

La creación del Sistema de Alta Dirección Pública incidió positivamente en que las mujeres asumieran puestos de mayor responsabilidad: hoy 30% de esos cargos son ocupados por mujeres. Gran parte de esta subrepresentación de la mujer, tanto a nivel de postulación como de selección, se explica porque muchas veces la trayectoria laboral de las mujeres se pone en pausa en los periodos de crianza, privilegiando labores de menor responsabilidad y postergando la especialización académica.

En este contexto, si se quiere avanzar más decididamente hacia una mayor incorporación de mujeres en la Alta Dirección Pública, es clave revisar los estándares exigidos para el ingreso a estos cargos, de manera que se reconozca que existen particularidades en las trayectorias laborales respecto de los hombres. Y estableciendo, por ejemplo, mentorías de acompañamiento en las primeras etapas del ejercicio de la función directiva.

El sector público tiene una configuración organizacional hecha para el desarrollo de carrera de hombres por el tipo de funciones, las jornadas laborales y la disponibilidad presencial en horarios y días, que son incompatibles con la vida familiar. Por lo tanto, son clave las políticas que promuevan la conciliación trabajo-familia con horarios flexibles o teletrabajo.

La incorporación de mujeres directivas en sectores tradicionalmente masculinos como transporte, energía o infraestructura para el desarrollo de proyectos urbanos, ha sido clave para entender que la ciudad se experimenta de manera distinta por hombres y mujeres. La ausencia de esa mirada femenina a nivel de decisiones públicas tiene una alto impacto en la conformación del espacio público, por ejemplo, en materia de seguridad ciudadana, integración al mercado laboral, e inclusión social.

Si bien se han promovido medidas para avanzar a mayores niveles de igualdad de oportunidades de las mujeres en altos cargos públicos, es necesario acciones transitorias o temporales que mejoren esta subrepresentación, más aún en el Estado, cuyo impacto público de su acción es universal. Se podría avanzar en los procesos de selección con comités de evaluadores paritarios y conformación de ternas con representación mixta; establecer un modelo gradual de integración de mujeres en directorios públicos hasta llegar al 50%; y realizar un upgrade del Programa de Mejoramiento de Gestión de Género, que promueva la equidad tanto a nivel de políticas públicas como de promoción de mujeres directivas. Tener más mujeres influyendo en las decisiones de políticas públicas agregaría un mayor valor social, porque permite incorporar habilidades naturales como la colaboración, la forma de mirar los problemas integralmente y la cercanía con las personas. Esta mirada sería de gran aporte para un Estado donde la fragmentación sectorial y territorial es tan alta, que se requieren políticas coordinadas intersectorialmente que pongan al centro a las personas, ahorrándole recursos y humanizando su labor.

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