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El vertiginoso cambio del rol de la mujer en Chile

03 febrero 2020

De acuerdo al Informe Global de Desarrollo Humano del PNUD, Chile es uno de los países donde más se han reducido los prejuicios respecto a los roles que deben cumplir hombres y mujeres. Sin embargo, para Janet Spröhnle, directora ejecutiva y fundadora de People & Partners, la clase dirigente sigue funcionando con los viejos paradigmas sociales.

Janet Spröhnle, directora ejecutiva y fundadora de People & Partners

Janet Spröhnle, directora ejecutiva y fundadora de People & Partners

“Chile es el país donde más han avanzado las posiciones igualitarias en los últimos diez años. El tema de la paridad de género se ha instalado de manera muy profunda en la sociedad chilena”. Esas fueron las palabras de Marcela Ríos, representante residente adjunta del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Chile, al referirse a los resultados del Informe Global de Desarrollo Humano, publicado a comienzos de enero.

Este reporte, que mide la desigualdad del desarrollo humano en el siglo XXI en diferentes países del mundo, da cuenta que Chile es uno de los países en donde más se han reducido los prejuicios respecto de los roles que hombres y mujeres deben cumplir en áreas como la política, el acceso a la educación superior, posiciones de liderazgos, derechos reproductivos y violencia doméstica, según destaca la oficina local del PNUD en su sitio web.

Este indicador responde a una percepción de los ciudadanos. Pues, en términos concretos, la brecha de género sitúa a Chile en la parte baja del ránking latinoamericano. El Índice de Desigualdad de Género se interpreta como la pérdida de desarrollo humano debido a la desigualdad entre los logros de las mujeres y los hombres en tres dimensiones: salud reproductiva, empoderamiento y actividad económica. Chile se ubica en el lugar 68 de 162.

En términos generales, el país se ubica en el grupo de países de desarrollo humano “muy alto”, en el lugar 42 a nivel global y primero en América Latina y el Caribe. Sin embargo, entre los 50 países de mayor desarrollo, Chile tiene la desigualdad de ingresos más alta.

Para Janet Spröhnle, directora ejecutiva y fundadora de People & Partners, la sociedad ha experimentado una “revolución del rol de la mujer” en todo el mundo, “que va a seguir su marcha” y que ha avanzado muchísimo más rápido que la evolución del rol del hombre. Este cambio ha permitido que las mujeres tengan cada vez mayores oportunidades y posibilidades y ha traído consecuencias en el mundo del trabajo, la sociedad, la familia y la política.

No obstante cree que la discusión sobre el acceso de la mujer al poder debiese ir más allá del género y centrarse en un cambio de paradigma, respecto al valor y el talento que cada persona puede aportar. Es decir, que “ya no sea un tema” si es un hombre o una mujer quien lidera las empresas o toma las decisiones, sino que la discusión esté centrada en las capacidades y los deseos personales.  En ello, cree que las nuevas generaciones tienen camino avanzado, quienes están constituyendo empresas mucho más diversos.

Sin embargo, las personas que hoy están liderando las instituciones, en los diversos ámbitos sociales, y que son mayoritariamente hombres, siguen funcionando con un paradigma antiguo, que tradicionalmente ha considerado que el rol de los hombres es proveer a la familia, dirigir las empresas y decidir los asuntos importantes.

Hasta que no se incorporen las nuevas generaciones o los millennials en puestos de poder, ve difícil que las cosas cambien. “Mientras no haya una expansión o cambio de conciencia de los que están en el poder hoy día, en todas partes, en la política, en el mundo empresarial, en el mundo social, en el mundo académico, que significa una evolución, va a permanecer un poco lo que hay hasta hoy”, dice Janet Spröhnle.

“Esto no se significa que tengan que ser mujeres o hombres, es que hay que construir otro orden, otro modelo, que es mucho más evolucionado. Los hombres, de la generación baby boomer y mayor, que aún están en el nivel de toma de decisión, aún no entra de verdad en una visión colaborativa y complementaria hacia otros géneros, y permanece aún muy arraigado en el avatar territorial, competitivo y directivo”, dice Janet Spröhnle.

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